Guieldu en la Comida en la Calle de Avilés 2024
Avilés
Pusimos el ramo a la Comida en la Calle de nuestro villa.
El Lunes de Pascua volvió a mostrar la cara más festiva y comunitaria de Avilés. Las Fiestas del Bollo son, de todas las que se celebran en la ciudad, una de las pocas que conservan su punto de asturianía. Nacidas en 1893 gracias al impulso del doctor Claudio Luanco y su grupo de amigos, la celebración no dejó de evolucionar a lo largo del tiempo. Un gran ejemplo es la propia Comida en la Calle, que aunque parezca que está ahí desde siempre, nació en 1993 para conmemorar el centenario de las fiestas y darles mayor proyección. A partir de entonces la Comida en la Calle fue creciendo año a año en asistentes y protagonismo.

La edición de 2024 volvió a reunir a miles de personas en un ambiente donde la ciudad se reparte de forma natural: mientras las mesas abarrotan las calles del casco histórico entre empanadas, tortillas, embutidos y miles de litros de sidra, los más jóvenes toman el Parque de Ferrera para hacer suya la fiesta a su manera.
Entre el bullicio y los DJ con música electrónica en cada rincón, quedaba claro que Avilés necesitaba para ese día una banda sonora a la altura de sus tradiciones. Y es que hablar de música celta en Asturias y no mencionar a nuestra villa sería dejarse media historia en el camino. Avilés tiene un idilio especial con el folk con una cantera inagotable de músicos que llevan décadas dándole una vuelta de tuerca la música tradicional. En Avilés el folk y la música celta se crea, se produce, se escucha y se vive.


Y para demostrarlo Guieldu subió al escenario de la Plaza de España poniendo el ramo a la jornada festiva. El concierto se convirtió en un diálogo continuo con el público, que bailó giraldillas, muñeiras y, sobre todo, la Danza, uno de los bailes con más arraigo histórico en la villa. Este baile en corro, cadencioso y ancestral, tiene semejanza con otras danzas en cadena del arco atlántico, como las bretonas, donde la gente se coge también de las manos para bailar el grupo.
Ver al público cantando alguno de nuestros temas fue la mejor respuesta que podíamos recibir. Cuando alguien canta tus canciones, la música deja de ser tuya y pasa a ser de todos: se cuela en los recuerdos de otras personas. Ese es el mejor premio que podemos recibir por nuestro trabajo.


Tocar en casa, sintiendo el calor de la gente en una jornada tan emblemática, volvió a recordar que la música tradicional cobra todo su sentido cuando se comparte en la calle.
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Vídeo y Fotos del Concierto
© Fotos: Nacho G.S.




