Guieldu en el Festival Reinu de Llión
Llión/León
Una noche para estrechar los lazos astures
Contar con dos músicos leoneses en las filas de Guieldu hizo que León estuviera en el radar del grupo desde el primer día. Ya habíamos tenido un primer encuentro muy especial el Día de San Patricio, con un lleno total en el Teatro San Francisco, donde mucha gente, al terminar, nos decía lo mismo: «Tenéis que estar en el Reinu de Llión». En San Froilán llegó por fin la oportunidad de hacerlo, abriendo el festival.

Sinceramente, antes de salir esperábamos un ambiente algo gélido, como la temperatura que hacía aquella noche. Al frío de finales de septiembre se sumaba la incertidumbre del cambio de ubicación por las obras en la Plaza Mayor, el espacio habitual del festival y una zona de paso continuo que atrae público de forma espontánea. El Parking de San Pedro, detrás de la Catedral, planteaba una situación muy diferente: al estar más alejado, el público tendría que ir expresamente al concierto, teniendo además otras opciones muy atractivas. A la misma hora se celebraba el gran evento de las fiestas, el concierto de La Pegatina, multitudinario y muy esperado después de que su actuación en San Juan tuviera que suspenderse por la lluvia.
Sin embargo, a nuestro favor contábamos con un escenario de primer nivel y un sistema de sonido envidiable, del que nuestro técnico, Andy Da Silva, supo sacar absolutamente todo el provecho. El equilibrio del sonido desde la primera nota, sumado a una cuidada iluminación artística que vestía cada pasaje del show, fue clave para transformar la explanada de San Pedro y envolver la actuación con la atmósfera adecuada.


Esa producción ayudó a que el recinto se fuese llenando pronto, con un público que llegó con ganas de concierto desde el primer minuto. Saber que quienes estaban allí habían ido expresamente a vernos —incluso, en algún caso, teniendo que tomar un avión para no perderse la cita— hizo que la conexión fuese todavía más especial. Con el escenario en su punto máximo, la música fue subiendo la temperatura del ambiente a medida que avanzaba el repertorio, pasando de los pasajes más atmosféricos al baile continuo en el tramo final.
A medida que avanzaban los temas, esa respuesta se hacía cada vez más visible. Se pasó de escuchar con atención los primeros compases a acompañar los temas más rítmicos, hasta terminar bailando y disfrutando del concierto de una manera que hacía difícil recordar las dudas que teníamos antes de subir al escenario.


Abrir el Reinu de Llión en 2024 nos dejó una gran noche de directo, la prueba de que la música celta tiene tirón y la confirmación de que, incluso cuando media ciudad tenía los ojos puestos en otro concierto, hubo muchísima gente que eligió Guieldu.






© Fotos: Virado Estudio

