Guieldu en el Festillingües
Avilés
Las lenguas minorizadas llenaron La Grapa de música, literatura y creación. Guieldu sonó en casa
El Festillingües ocupó durante cuatro días La Grapa de Avilés, con una programación que mezcló música, literatura, talleres, teatro, debates y distintas formas de acercarse a las lenguas y culturas minorizadas. Para nosotros tenía además un aliciente especial: el sábado tocaba tocar en casa, dentro de un festival que pone en el centro una parte fundamental de nuestra propia identidad.
La parte musical ya había comenzado el viernes con Mestura y Rubén Bada. Al día siguiente, la programación continuó desde por la mañana con mesas, talleres y actividades alrededor de las lenguas. Entre ellas estuvo el taller de creación musical de nuestra amiga Vero Rubio, una de esas propuestas que recuerdan que una lengua no solo se conserva: también sirve para crear cosas nuevas.
Y unas horas después nos tocaba a nosotros cerrar la jornada musical.

Tocar en casa siempre impone y, a la vez, arropa de una manera distinta. La Grapa, la antigua plaza del pescado que hoy facilita el acceso al centro Niemeyer, es un espacio singular de Avilés y tiene algo especial verlo ocupado por actividades culturales. Es uno de esos lugares que quizá podrían tener todavía más vida durante el año, y que un festival se atreva a llenarlo de propuestas durante varios días demuestra todo lo que puede hacerse cuando se aprovechan los lugares que tenemos en la villa.
Es cierto que es un espacio reducido, así que nuestro concierto se movió en las distancias cortas, lejos de algunos «grandes escenarios» que nos acogieron durante el verano. El público estaba repartido entre las sillas de las primeras filas y quienes preferían quedarse de pie al fondo. Ese formato más cercano nos llevó también por el lado más atmosférico de Guieldu, dejando que algunos temas respiraran con otra calma.


La relación con la lengua también formó parte del discurso musical. Nuestros temas cantados son mayormente en asturianu, no como una declaración de intenciones, sino porque es la lengua en la que nos sale cantar y a la vez forma parte de nuestra identidad. En un festival dedicado precisamente a las lenguas minorizadas era inevitable pensar en ello. El asturianu sigue sin tener estatus oficial en Asturies, mientras que el mirandés, su pariente más cercano al otro lado de la frontera, está reconocido oficialmente en Portugal desde 1999.
Esa conexión aparece también en nuestra música. Angueira, por ejemplo, parte de una melodía popular de Miranda do Douro, en un territorio donde sigue viva una variante del asturleonés. No hace falta buscar demasiado para encontrar esos puntos de contacto.


Y aunque el tono del concierto era otro, como suele pasar cuando tocamos, la música también llevó al baile.
Cuando sonaron los primeros acordes de Óise l’Ixuxú, hubo quien se arrancó a bailar las muñeiras del set. Poco después se formó la danza, el baile en corro tan ligado a la tradición asturiana y especialmente vivo en Avilés. Jóvenes y mayores compartiendo los pasos, sin demasiadas explicaciones y sin que nadie tuviera que decirles que aquello también formaba parte del concierto.
Son momentos pequeños, pero probablemente sean los que mejor explican por qué tiene sentido hacer música así.

El Festillingües hablaba durante todo el fin de semana de lenguas, de creación y de cultura. Nosotros llegamos el sábado para poner música a todo eso y acabamos encontrándonos con algo todavía más sencillo: gente cantando, bailando y reconociéndose en lo que estaba pasando delante del escenario.
Tocar en casa tiene algo de eso. No hace falta explicar demasiado quién eres cuando parte de lo que llevas en las canciones ya está alrededor.
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Vídeo y Fotos del Concierto
© Fotos: Nacho G.S.







