Guieldu en la Nueche Celta d'Ayer
Soto d'Ayer
Cerramos la noche, pasada por agua, bajo la sombra nocturna del castillo.
El domingo 7 de septiembre de 2025, Soto d’Aller se convirtió por una noche en capital de la música celta asturiana. Las fiestas de Miravalles acogieron una nueva edición de la Nueche Celta , la tercera desde que el evento —que vivió su etapa dorada entre 1996 y 2007— se recuperó en 2022 tras años de silencio. Y con la Torre de Soto, del siglo XII, vigilando desde lo alto como lleva haciendo desde hace ochocientos años, el pueblo de Soto volvió a llenarse de música asturiana.
El cartel no dejaba lugar a dudas sobre la ambición de la cita: la Banda Gaites El Gumial abrió la noche a las ocho, las pandereteras Herbamora tomaron el relevo a las nueve, y a las diez y media subió al escenario Llan de Cubel, uno de esos nombres que no necesitan presentación en el folk asturiano y que llevan décadas siendo referencia obligada de la escena. Compartir noche y escenario con ellos por segunda en nuestra corta trayectora fue, sin exagerar, uno de los motivos por los que esta cita quedará marcada en el calendario de Guieldu.


El tiempo, eso sí, no puso las cosas fáciles. La lluvia y un cielo desapacible nos dejaron con cierta bajona antes de subir al escenario para cerrar el cartel tras Llan de Cubel. Pero buena parte del público aguantó estoicamente, con un buen puñado de incondicionales en primera fila que no estaban dispuestos a dejar que el orbayu les aguara la fiesta: cantaron y bailaron bajo la lluvia como si el cielo estuviera estrellado, y con esa energía en plan «esto ye Asturies» cerramos la noche con nuestro repertorio.


El formato de noches celtas, tan popular en Asturias durante los años 80 y 90, parece que se va recuperando poco a poco, con regresos como este de Soto o el de la Nueche Celta de Candás, y con citas que aguantan en pie desde sus inicios, como la legendaria Noite Celta de Porcía, que en 2024 celebró ya su 40ª edición en la que también tuvimos el privilegio de actuar, una vez más junto a Llan de Cubel. La lluvia podrá calar hasta los huesos alguna que otra noche, pero no hay agua capaz de apagar el fuego celta que Asturias lleva encendiendo, verano tras verano, desde hace ya cuatro décadas.
© Fotos: Analia Pello

