Guieldu en el arcu atlánticu
xixón
Celebrando el regreso del festival Arcu Atlánticu de Xixón
El mar forma parte de la identidad de Xixón. No solo de su paisaje, también de su historia y de su manera de relacionarse con el mundo. El puerto convirtió a la ciudad en un lugar de intercambio de mercancías, personas e ideas, sin que por ello perdiera su asturianía. De esa combinación entre arraigo y apertura nació en 2012 el Festival Arcu Atlánticu, impulsado por Carlos Rubiera y Xosé Nel Riesgo, dos figuras estrechamente vinculadas a la cultura asturiana y al asturianismo. Desde el principio, el festival quiso convertir Xixón en un punto de encuentro entre las culturas atlánticas, con una programación que iba mucho más allá de la música.



No deja de resultar significativo que, apenas dos años antes, Xixón hubiera recuperado la conexión marítima con Nantes-Saint-Nazaire, en la Bretaña histórica. Durante unos años, el ferry volvió a unir físicamente ambas fachadas atlánticas. En 2024, después de varios años de interrupción, el Arcu Atlánticu regresaba y Guieldu formaba parte de su programación.
El lugar elegido para nuestro concierto del 1 de agosto tiene una impronta histórica que merece la pena explicar.
El Antiguo Instituto es uno de los edificios más singulares de Xixón. Sus orígenes se remontan al Real Instituto Asturiano de Náutica y Mineralogía, creado a finales del siglo XVIII bajo el impulso de Jovellanos. Nació con una vocación claramente ilustrada: formar a los asturianos en conocimientos científicos y técnicos, entre ellos los relacionados con la navegación, y contribuir a abrir Asturias al conocimiento y al mundo.


Más de dos siglos después, aquel edificio continúa dedicado a la cultura y al conocimiento, aunque desde una perspectiva muy diferente. Y fue allí donde nos tocó tocar aquella noche.
La configuración del concierto también era poco habitual. La banda tocaba sobre una tarima, prácticamente a la misma altura que el público, que permanecía sentado frente a nosotros. Sabíamos que aquello podía propiciar un concierto diferente, más cercano, íntimo y sosegado.

Antes incluso de empezar, el lleno era ya evidente: la cola para acceder al concierto llegó a rodear medio edificio, mientras el público ocupaba no solo la planta baja, sino también la galería superior del Antiguo Instituto.


Lo que no sabíamos era que iba a durar poco lo de estar sentados. A medida que avanzaba la actuación, la gente comenzó a moverse al ritmo de la música, los aplausos empezaron a seguir las canciones y, finalmente, el público terminó de pie, saltando y acompañándonos.

La vuelta del Arcu Atlánticu fue una gran noticia para Xixón y para la cultura asturiana y atlántica, y nos gustó poder vivirla desde dentro. Ojalá esta nueva etapa tenga una larga singladura y el festival siga creciendo como punto de encuentro entre Asturies y los territorios del Atlántico.
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